¿Cuál es el origen del ser humano? La mayoría, le atribuimos nuestra existencia a una formación biológica de dos células en el vientre de las madres y a los cromosomas que hay en estas células. Explicamos los acontecimientos de nuestras vidas al azar o peor aún los atribuimos al esfuerzo propio. Sin embargo, en lo profundo sabemos que este no es el sentido de la vida. Estamos insatisfechos.
Para ser creado es necesario primero Uno que es el creador. Esta es la esencia de Dios. Cada ser humano es una parte de la esencia de Dios. Segundo, El que nos creó debe tener la voluntad de crearnos. Finalmente debe tener el poder para crear.
Los tres divinos elementos en la creación corresponden a los tres divinos elementos en la unicidad de Dios que son responsables del acto de creación. Lo primero es que aquella existencia antes de su creación depende de una existencia original; una existencia en donde están contenidas la forma, el carácter, las acciones, el nacimiento y muerte, y el destino de lo que va a ser creado. Esa existencia creativa es la esencia de Dios, la mente causal. La cosa a ser creada debe tener el potencial para recibir todo esto, y el reconocimiento de esto, que es la divina sabiduría.
Lo segundo es la aceptación de lo creado a ser creado, que es la fe. Lo tercero es la habilidad de lo creado para ser receptivo a la voluntad de Dios, que es la sumisión. Así esta terna en las cosas creadas es el vínculo con la unidad de Dios, como la relación entre un espejo y aquel que se refleja en el espejo.
Dios ha dicho en una tradición divina: «Era un tesoro escondido, y amaba ser conocido, entonces creé la creación.» Cuando Él era un tesoro escondido, Él estaba en un estado de pura esencia, que no puede ser descrita, pues este estado no tiene palabras, ni nombres, ni atributos, ni semejanzas; como un vacío total, como un océano sin fin que se movió cuando Dios dijo: «Amé ser conocido.» Cuando el océano de la esencia se movió, de su oleaje, la primera creación, la primera manifestación de Dios, la mente causal, el reino de la palabra fue creado. La esencia manifestaba sus divinos atributos. El alma total, el alma de toda la creación a ser, está en este reino.
Entonces el océano de los atributos de Dios se manifiesta en todas las almas a ser creadas. Movidas por el poder del cálamo (la palabra), y por sus ondas, el reino de los seres espirituales, el paraíso, el infierno, la muerte, los ángeles, las recompensas y los castigos de Dios, fueron creados.
Con el viento del deseo de Allah de verse a Sí mismo, el océano de los espíritus se movió y el mundo de materia fue creado, el mundo de soles y estrellas, minerales y vegetales, animales y el ser humano. Allah en Su amor, vistió las almas de Su creación en la forma más hermosa, hecha de fuego y agua, tierra y aire.
Las cuatro etapas de la creación no están separadas una de la otra, ni tampoco fueron creadas en distintos momentos. Todas han sido creadas en un instante. Cuando Dios dijo: «Sé” todas llegaron a ser. No han sido creadas de la nada, pues nada puede ser creado de la nada. Ni tampoco algo que existe puede llegar a ser nada. Toda existencia, toda consecuencia viene de Dios y retorna a Dios.
Dios creó al hombre al final como Su más perfecta creación, a Su propia imagen. El hombre perfecto contiene todos estos reinos. Es el microcosmo, una joya, pulida de la esencia de los dieciocho mil universos. Pero el hombre es creado en dos partes. Dios creó el alma del ser humano de la luz de Su propia esencia, y creó su cuerpo de materia gruesa, de fuego, agua, tierra y aire y le sopló Su alma. El alma fue hecha para dirigir al cuerpo, Y el cuerpo sirve al igual que un animal de carga. El cuerpo añora el mundo porque está hecho de la misma materia y eventualmente regresará al mundo. El alma añora a Dios y retornará a Él.
El alma viajó por el reino de la mente causal y a través del reino de los espíritus y ángeles y los siete cielos descendiendo al reino material, pasó a través del fuego, encendiéndose en llamas, luego pasó a través del reino del agua, que apagó el fuego, luego a través de la tierra, volviéndola barro y finalmente expuesta al aire, se transforma en greda seca. Luego creció a ser vegetal, luego se volvió animal, luego llegó a tener la forma y figura de un ser humano. La joya del alma se obscureció al quemarse con el fuego, se llenó de óxido cuando pasó por el agua, se cubrió de barro al pasar por la tierra, llegó a ser pesada y gruesa cuando tomó contacto con el aire. Este es el descenso, la caída del hombre, cuando el cuerpo domina el alma, el caballo monta a su dueño.
La ascensión es solo posible cuando podemos lograr llegar al alma aprisionada en el cuerpo de materia gruesa. Ésta no puede ser vista con los ojos de este mundo. La verdad puede ser vista solo por el ojo verdadero (basira). La perfección puede ser reconocida solo por el perfecto. Nos debemos desprender del peso de la carne y sus deseos, que esta apegada a este mundo, que nos lleva hacia abajo atraídos por la gravedad. Nuestra mente, nuestros sentidos, no son de fiar, con sus asociaciones y su imaginación, alteran y esconden la verdad.
Por esto es que tenemos diferentes opiniones, diferentes gustos. Discutimos, nos enojamos con los que no opinan como nosotros. Peleamos, combatimos en guerras, condenamos, matamos… incluso algunas veces en nombre de la verdad.
No hay mas que una verdad, un Dios, un alma. El carácter del alma es amar su origen, con quien añora encontrarse. El ojo del corazón, el cual ve al alma, solo puede ser abierto por el amor. El ojo de la cabeza ve lo hermoso y lo feo; el ojo del corazón ve solo lo hermoso. Ve la Verdad. Hay solo una. Si la conociéramos, todos aquellos que se oponen a ella, que la maldicen, que han combatido en contra de ella, serían una parte de la verdad. Por lo tanto, aceptaríamos y no condenaríamos. El amor es la única fuerza que puede deshacernos esta costra que esconde a la joya y nos hace peso hacia abajo. Es lo único que permite que nuestra esencia se eleve a su estado original como lo mejor de la creación, representante de Dios en el universo, a quien Él creó en la imagen de Sus propios atributos, a quien Él le enseñó todos Sus divinos nombres, a quien se dirige diciéndole: «He creado todo para ti y a ti te he creado para Mí.»
Sheikh Tosun Bayrak al-Jerrahi
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