En el arwah, el mundo de las almas, Dios le dio paz a todas las cosas vivientes, pero se les olvidó esta paz cuando vinieron acá a este mundo.

 Que esa paz emerja en todos ellos nuevamente, y que yo también tenga esa paz. Que la paz se de en todos nosotros, todos mis hijos, todos mis hermanos y hermanas. Que todos tengamos paz.

Quizás les puedo contar algunas cosas de mi vida, mi historia. Durante mi vida busqué mucho, busqué lugares, momentos y situaciones para encontrar paz, serenidad, tranquilidad y equilibrio. El mundo dijo que la encontraría acá, allá, en ese bosque, en esta filosofía, en esa religión, en esta cueva o en esa montaña. Cada persona o grupo me dijo que encontraría paz en todos esos lugares. Entonces fui a cada uno de esos lugares buscando paz. Me dijeron que si meditaba encontraría paz, que si recitaba mantras encontraría paz, luego dijeron que si realizaba milagros tendría todo. Me dijeron: “Si experimentas las diferentes características de estos milagros encontrarás paz.”

Probé todo, uno por uno, pero no encontré paz. Estudié todas las religiones, Zabur, que es el hinduismo, Jabrat, adoración al fuego, Injil, un nombre para el cristianismo, y Furqan, otro nombre del Islam. Intenté encontrar paz escuchando lo que estas religiones decían. Algunos líderes religiosos, algunos anbiyas o mensajeros, y algunos gurús, dijeron que tenía que viajar por el camino de la religión, profundizar en el estudio de las religiones, y lo hice. Otros me dijeron: “no podrás encontrar paz ahí, debes irte a la selva.” Pero donde miraba encontraba conflictos, asesinatos, separación, diferencias y discriminación. Donde miraba, eso veía, no veía ninguna raza o religión sin peleas, sin asesinatos. 

Al final dije: “esto no me lleva a ninguna parte. ¿Dónde puedo ir, a que religión puedo acogerme, a que gurú puedo seguir? Cuando miré el mar, vi que una criatura se comía a otra, vi criaturas peleando unas con otras, los más grandes comiéndose a los mas pequeños. Cuando fui a la selva, era lo mismo, cuando fui a la ciudad también estaban peleándose, y cuando fui a las religiones era lo mismo. En cada raza me encontré con lo mismo. Incluso entre los de la misma raza se peleaban y se devoraban unos a otros.

Entonces un hombre sabio me dijo: “¿Estás buscando paz? Anda a una cueva en lo alto de una montaña, siéntate ahí, medita, adora y reza, entonces encontrarás la paz.”

Yo dije: “¿Es eso lo que tu piensas?, bueno, eso haré, iré a la montaña.” Fui a la montaña, me senté y recé mucho. Cinco años, seis años, ocho años, diez años pasaron, pero cuando usé mis ojos aún veía peleas y asesinatos. En la selva, en la ciudad, todos estaban aún peleándose. Dije entonces: ¿Qué significa esto? No hay lugar donde Dios no esté y sin embargo no hay ningún lugar sin peleas y asesinatos, ningún lugar sin pecado. ¿Dónde encontraré paz entonces, adonde puedo ir? Y pensé: he estado sentado en este lugar por diez años, y este lugar no tiene nada diferente.

Mientras estaba pensando esto, la montaña habló: “Todos tienen su corazón de piedra, matándose uno al otro,” y me dijo: “Hombre ven acá.” Entonces me preguntó: “¿Dónde crees que estas?  ¿Crees que estás sentado dentro de esta cueva en esta montaña, que estás meditando en esta cueva de la montaña? ¿Crees que estás sentado acá meditando para encontrar paz? La verdad es que has hecho crecer una montaña rocosa dentro tuyo, mas dura que esta montaña que te habla. Hay una montaña rocosa que has hecho crecer dentro tuyo, pues has alimentado la arrogancia, has alimentado el orgullo y sin embargo dices que estás buscando paz y equilibrio. Estás buscando paz para ti, estás buscando tranquilidad para ti, estás buscando serenidad y quietud para ti. Pero esta montaña rocosa que estás haciendo crecer dentro de ti es una inmensa cueva. No estás sentado en la cueva de la montaña, estás sentado en la cueva que has hecho para ti. Lo que has hecho es crear tu propia cueva en la que estas sentado y tu te imaginas que estás sentado en una cueva en la montaña.

“Primero rompe la montaña rocosa que tienes dentro de ti, rompe esa arrogancia, egoísmo y orgullo que están dentro tuyo, rómpelos. Esta montaña rocosa del mundo está dentro de ti, primero rompe eso. Estas sentado bajo la montaña del mundo; ese mundo y esa montaña rocosa están dentro de ti, y es ahí donde estas sentado. Tienes orgullo, vanidad, presunción, tu nombre, tu fama, tus títulos y tus milagros, y en medio de todo eso sigues tratando de encontrar paz y serenidad.

Pero estas armas traicioneras, las armas del asesino están dentro de ti. Estas armas que causan todos los problemas están aún dentro de ti. Si puedes arrojar fuera este mundo y estas armas, entonces descubrirás donde está la paz y la tranquilidad, descubrirás donde está la justicia y la honestidad, descubrirás donde está la verdad: están dentro tuyo. Solo entonces sabrás donde vive el verdadero ser humano.

Hombre, primero llega a ser un verdadero ser humano. Si llegas a ser un verdadero ser humano, todas las cosas vivientes te harán reverencia. Si te vuelves a Dios toda cosa viviente te reconocerá. Si te vuelves un gnani, un hombre sabio, serás la paz para los otros seres vivientes. Si te vuelves verdadero serás alimento para los demás y todas tus palabras sembrarán la paz. Si te vuelves justicia, traerás unidad, paz y sabiduría a los otros y los otros te la darán a ti. Si encuentras todo esto dentro de ti conocerás el reino de los cielos dentro de ti, tendrás dentro tuyo el reino de Dios. Entonces el reino del mundo y la ilusión, el reino del infierno desaparecerán para ti y, cuando ya no estén, entonces encontrarás la paz.”