Yusuf: 53. «Yo no pretendo ser inocente. El nafsi ammara exige el mal, a menos que mi Señor me proteja con Su misericordia. Mi Señor es indulgente, misericordioso».

 

Se habla de individualismo expresivo para indicar la concepción según la cual  una persona tiene como la principal finalidad de su vida descubrir, expresar y manifestar el propio yo auténtico. Cabe aclarar que la «autenticidad» en este contexto no se entiende como un proceso de autoconocimiento o discernimiento moral, sino como la fidelidad absoluta a cualquier impulso o estado emocional por el solo hecho de emerger del sujeto.  Esta idea de autenticidad personal tiene prioridad sobre las tradiciones, las normas sociales, la conciencia religiosa y la responsabilidad moral, las cuales son valiosas sólo en la medida en que favorecen esa autorrealización. Expresiones como «si lo siento, debe ser verdad» o «lo hago porque quiero» reflejan una cultura donde la experiencia subjetiva de manifestar las emociones y los sentimientos parece haberse convertido en el criterio último de la realidad. 

Ser fiel a uno mismo, y creer que uno es libre porque puede expresar quien cree ser tiene riesgos: puede debilitar los vínculos comunitarios y, como se dijo anteriormente, favorecer una cultura individualista donde los sentimientos y las emociones se convierten en el criterio último de la verdad.

Antes que nada, hagamos una distinción entre emoción y sentimiento. La emoción es una reacción integrada del organismo frente a un estímulo, que puede provenir de los sentidos, las ideas o los recuerdos. Es una respuesta automática y rápida. El sentimiento, en cambio, lo entendemos como la interpretación de la emoción. Es un proceso más consciente. Por ejemplo, puedo sentir miedo frente a una situación (esta es la emoción), y luego aparece la narrativa asociada (el sentimiento), por ejemplo; “siento que me están rechazando”, “siento que me están amenazando”, etc.    

En la actualidad, esta forma de individualismo es vista como un derecho y por lo tanto se minimiza la responsabilidad que hay detrás de toda manifestación de emociones o sentimientos. Peor aún, se asume que dichas emociones y  sentimientos representan la verdad de la situación sin necesidad de validar su origen. Como consecuencia, quien no está de acuerdo con esta manifestación está en contra de mí. Si siento que no me quieren, me siento ofendido; si alguien critica lo que digo, está equivocado. Es importante aclarar, eso sí, que no estamos cuestionando la emoción o el sentimiento propiamente tal, sino asumir que estos representan la verdad de la situación sin necesidad de verificar su origen. Si me aplauden porque hice una buena presentación, ¿me siento bien porque me creo importante o porque he hecho una contribución? Si me siento molesto con alguien, ¿es porque es un mal educado o porque me siento reflejado en esa persona?

El problema no reside en experimentar emociones o sentimientos, sino en dejar de verificarlos. El hecho de sentir algo intensamente no demuestra que nuestra interpretación de este sentimiento sea verdadera. Cuestionar la veracidad de una emoción o de un sentimiento no equivale a invalidar a una persona, pero tampoco podemos dar por verdadero algo por el hecho de sentirlo intensamente. Esto no significa reprimir la manifestación, pero tampoco darle autoridad absoluta.

Bajo la perspectiva del sufismo, tenemos que diferenciar este individualismo centrado en la autoexpresión, de una espiritualidad centrada en la transformación interior. El nafs (ego) en su expresión más básica (nafsi ammara), busca aislarse de la crítica, autoprotegerse y no asumir ninguna responsabilidad. Busca justificarse y preservar una imagen favorable de sí mismo, asumiendo que las emociones y los sentimientos representan la verdad.

El trabajo espiritual consiste en educar al nafs para responder responsablemente, en lugar de reaccionar impulsivamente; consiste en examinar mis percepciones antes de aceptarlas como verdaderas. De lo contrario, el nafs se encargará de guiar mi vida y me hará creer que soy la fuente de «la verdad». No es difícil concluir que, con esta actitud, es muy posible que yo esté equivocado y que me convierta en esclavo de mis emociones y sentimientos.

Si asumimos que el sentido de la vida en este mundo es purificar nuestro nafs, y que nuestras emociones y sentimientos son parte integral de nuestra condición humana, purifiquemos entonces nuestros corazones a través de la sinceridad, para que nuestras emociones y sentimientos también se manifiesten en forma pura. Y nunca nos creamos portadores de la verdad. Si le damos rienda suelta a nuestras emociones y sentimientos y no los verificamos, nos dejamos controlar por nuestro nafsi ammara. Como resultado tenemos una vida infeliz y hacemos sufrir a los demás.